11 julio, 2006
Lucecitas verdes
Y voy pedaleando pedaleando cruzando el campus del este camino a casa saboreando cena rica –pasta, vegetales, quizás pescado con limon y cebolla- sorteando algunos detalles entre las coordinaciones de acciones consensuales y el problema de la medición de las partículas elementales: cómo estar aquí y allí al mismo tiempo sin estar ni aquí ni allí, hasta que venga algún pendejo a imponer una medición, que por más inocua o trivial que sea me obliga a asumir algún estado determinado y a salir de la superposición, y pedaleo más fuerte y me subo a la acera para cruzar hoy por el parque y saludar a los árboles. Y suena un quejido de la pobre bici oxidada mientras meto el guía bruscamente para atravesar la pequeña puertecita. Y un balón sale volando, aún juegan entusiastas, a pesar de que ya las chicas con caras pintadas, embriagadas y bullosas me informaron en su celebración extendida que se había terminado el espectáculo hasta dentro de 4 años más, y si alguna vez dudé porqué el barrio se llama Little Italy ahí lo entendí bien. Y sigo pedaleando por el caminito meandering here and there, but always somewhere, siempre con unas coordenadas fijas en el espacio-tiempo, y me acarician las ramas de pino que pasan sobre mi cabeza y voy ya enfilando hacia la otra entradita para salir del parque y retomar la acera, y llegar a la casa, y cocinar, y terminar la propuesta para el trabajo este, y la tarde ya avanzada me informa que lamentablemente no habrá tiempo de cocinar esta noche si quiero terminar y acostarme ‘temprano’ y hacia el este a mis espaldas se van iluminando los rascacielos, y entre los árboles más adelante por allí por donde no hay caminos encienden también los panitas que les gusta jugar frisbee y fumar en la yerba. Y entre una, no, dos, mejor dicho mas de 10 otras lucecitas verdecitas intermitentes que ascienden desde la grama y se apagan brevemente, en todos lados, entre los árboles de tilo, veo entonces la vida, la ontología del conocer, la aparición del dominio físico de la existencia; y en vez de salir por la puerta volví y doblé bruscamente y salí del camino con otro quejido de la bici y en el salta-y-choca,-coge-hoyos reboté del sillín para dejar la bicicleta caer y echarme ahí mismo a ver las lucecitas. Lucecitas en todos lados, en todas las direcciones, y saqué de mis oídos los audífonos para dar entrada a lo que viniera. Y al estar acostado las podía ver a una distancia, como en un plano más conciso. Y me acuesto bocarriba entonces y ahí están entre las ramas de los árboles, mientras van saliendo las estrellas que se confunden con el tránsito (también) aéreo. Y es inútil tratar de seguir las luces después que se apagan, solo me doy cuenta que en todo momento, mientras se apagan unas, hay otras que se encienden en una danza de olas que al seguirlas me llevan cada vez más lejos de la costa. Y así bocarriba cierro los ojos y escucho las lucecitas transitar por las hojas secas, y acercarse, y en el murmullo del viento subirse a caminar en mi cabello y luego en la frente, primero apagadas, luego encendiendo y siguiendo su danza. Y abro los ojos y ahí las veo, me tienen arropado, y se cuelan también una que otra araña y una que otra hormiga, todas inspeccionando este cuerpo que de alguna manera vino a caer justo aquí en medio de sus vidas. Y una ardilla salta de una rama a la otra y las lucecitas continúan su parpadear en armonía, acknowledging that i am there and that there are jumping squirrels too. Y me salen raíces y asciendo hasta mas allá de la rama más alta y respiro y ayudo a la noche que ya cae sobre todo y siento las caricias de los animalitos que caminan mi cuerpo y respiro por última vez ya entre las estrellas y la luna que está llena y se muestra completa por encima de las nubes, y ahí abajo veo un chamaquito tirado al lado de una bici cuya rueda trasera sigue dando vueltas, y lo saludo y me saluda y me saludo entonces yo también, y sin más me pongo de pie, y a pedalear, a pedalear, para llegar, para terminar, para amanecer.
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